Clases de francés


Un último coletazo inesperado de la despedida por tierras andaluzas. Una conversación muy tonta con el Señor V.J. Y ha resultado en unas cuantas clases de francés, refrescando vocabulario, gramática y sobre todo conversación. Creo que lo he ido escribiendo por aquí, en los últimos tres años he estado bastante tiempo por zona francófona. Creo que ya son cinco viajes hacia la zona de Bruselas (3 Fosdems, 1 de placer, 1 de festival). Y a eso hay que sumar tres viajes a Francia (1 a París, 1 de places y 1 de festival). Sin olvidar la visita a la zona de Geneva. Conversaciones en Zentyal sobre francés, y algún intento en francés (gracias Señor Q).


Al final estaba cantado. Siempre que paso unos días por allí me quedo con la sensación de que dentro de mi cabeza hay mucho más francés del que demuestro. Y me encantan los idiomas. Y el francés. Así que la decisión estaba casi cantada. Había que intentar forzar un poco la máquina para refrescar esos conocimientos, aprender cosas nuevas, y si fuera posible, poder mejorar y saber que puedo mantener una pequeña conversación en francés sobre temas variados.


Desde luego el objetivo no es alcanzar el nivel de inglés que tengo (muchos años estudiando y más todavía practicando). Después de intentar hablar con una chica que sólo hablaba francés y no ser capaz de hacerme entender… el objetivo es claro. Es salvar ese primer nivel. Es cierto que llevo en el CV el idioma francés como “basic”, pero ahora, después de unas cuantas clases de refresco empiezo a considerarlo como tal. Ojalá pueda ser “medio” en unos meses.


Mientras tanto, y tras una incorporaciónd e última hora, somos tres los que vamos con una profesora particular. Somos tres los que sufrimos atascados por nuestra falta de vocabulario. Somos tres los que reímos con los errores de los demás y con los propios. Somos tres los que poco a poco nos sentimos un poco más seguros en francés.


Y es que a nadie puedo engañar. Me gusta aprender. Disfruto.